¿Vivir para siempre?
Cuando tenia 10 años vi una película llamada Cocoon, el horario en que se emitió rondaba entre las 8 y 10 de la noche en un canal local donde de lunes a viernes transmitían cintas con el título de «Función Estelar», la cual era motivo de reunión para las familias limeñas, donde Netflix, Disney o Youtube no eran ni la pantalla con ruido blanco del televisor, los de mi generación (uniforme plomo, terrorismo, tráfico en Abancay, Enatrus, etc) sabrán a lo que me refiero.
Cocoon, una película dirigida por Ron Howard (sí el pelirrojo de Días Felices, yo también recién me entero) trata de un grupo de ancianos que tienen contactos cercanos del «tercer tipo» con extraterrestres, estos acercamientos les otorgaba a los nonagenarios vitalidad, fuerza y ganas de continuar con una vida a la cual creían se extinguiría en pocos años, meses o hasta días.
No he vuelto a ver la película, pero el recuerdo que tengo de su acto final, es ver una nave espacial piloteada por los seres cósmicos y en ella a los seniles protagonistas que dejaban la Tierra y partían más que contentos a un mundo desconocido en donde la vida eterna era una realidad, un lugar donde «vivirán para siempre y por siempre y nunca morirán» según lo interpreté a mis cortos 10 años.
Este motivo sería más que satisfactorio para cualquier mortal que desea una vida perpetua, querer ser parte de la historia y anhelar que se convierta en realidad, en pleno siglo XXI se está descubriendo que los famosos telómeros, que forman parte de nuestro ADN podrían ser la clave para la tan ansiada ilimitada vida, pero en aquella época solo era una película de ciencia y ficción, sin embargo para mi primera década de vida aquel final me pareció de lo más aterrador...
Aquella noche estaba en casa sentada junto a mi Tata y una vecina del barrio, quien nos acompañaba en ocasiones a ver televisión, cuando terminó la cinta y al sacar conclusiones del aquel «fatídico final» rompí en llanto, no podía concebir una vida en la cual se «viva» valga la redundancia, para siempre, en algún momento debía morir, en algún momento tendría que dejar esta tierra físicamente, concebía aquella historia y sobre todo el final como real, en pocos años estaríamos obligados a vivir para siempre. A mi corta edad consideraba a la vida eterna, «absurda e inconcebible» no quería transitar mis años viendo como todo pasaba, pero ni siquiera imaginaba como sería el futuro!!! solo pensaba en la «condena de vivir para siempre» como si fuera una prisión de la cuál no me salvaría.
Desconsolada me eché sobre la escalera de mi casa, gritando «no quiero vivir para siempre» mi Tata y me vecina desconcertadas no sabían lo que me ocurría ¿Por qué una niña no querría vivir para siempre? si tal vez para ellas era un sueño deseado, pero para mi no, aquello sería más bien una tortura.
Ignoro por cuanto tiempo lloré pero a pesar del consuelo de mi Tata solo recuerdo que fue un llanto prolongado y abrumador, fue la primera vez que sentí una angustia muy grande, es más cuando escribo estás líneas aún puedo sentir la sensación de esos cuestionamientos, aquella que conecta tu estómago con el pecho, aquella pesadumbre como si fuera real.
A más de 30 años de mi «primera angustia existencial» no puedo evitar preguntarme, ¿Qué motivos me llevarían a no querer vivir para siempre, a no mantener una vida perpetua en algún lugar del infinito cosmos? si ahora es el talismán codiciado de una generación cuya vida promedio es casi 70 años.
Pero hoy sí quiero vivir para siempre, y lo mismo quisiera para mis seres queridos, que lindo sería una vida eterna con ellos, en este preciso momento, detenernos y no envejecer jamás, pero es imposible, la vida es efímera y ambulatoria, pero depende de cada ser humano como permanecer en ella, como hacer de esta limitada existencia algo perenne en la histórica esencia de nuestra humanidad.
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