Páginas faltantes

Cuando estudiaba la carrera de Guía Oficial de Turismo mi profesor de Historia del Arte de ese entonces dejó como tarea leer «El nombre de la Rosa» de Umberto Eco, un libro basado en las memorias del monje Adso de Melk sobre los misteriosos acontecimientos que ocurrieron en una abadía italiana del sigo XIV. Cuando llegó a las manos de Eco este manuscrito había pasado por otras transcripciones e interpretaciones hasta que él decidió mejorarlo darle forma y sacarlo a la luz, convirtiéndose en uno de sus libros más vendidos, sin duda fue una obra que me fascinó desde sus primeras páginas.

Fue una época para mi llena de libros y música ya que empezaba a formar mi primera banda de rock, la cual trataba de llevar paralela a mis estudios e Historia del Arte era uno de mis cursos favoritos, sobre todo el tema de la Edad media tan misteriosa y oculta pero a la vez tan reveladora.

No me pondré a hacer un ensayo de El nombre de la Rosa porque de esos hay muchos pero sí contaré algo muy particular que hasta el día de hoy me persigue o me perseguía con ese libro, y así como el escrito es uno de los capítulos más misteriosos e irónicos de mi vida en Berlín.

La adquisición del libro podría decirse que no fue tan «honesta» porque compré una versión pirata en la calle Amazonas del Centro de Lima, aquel lugar donde encontrabas hasta el diario de tu abuelita o el slam de tu escuela por un sol, y es que mi economía tampoco era  de las buenas como para invertir en libros originales teniendo que acudir a estos métodos de compra y adquirí el libro a solo dos soles, una ganga total ya que en las librerías lo vendían a quince, un acto que esbozó en mi una sonrisa de costado creyéndome la experimentada en temas de regateo y sacar la vuelta a los precios más caros.

A pocas hojas de terminar el libro, el karma de la sonrisa y la adquisición ilícita arrancaron de tajo mi lectura así como sus hojas finales, ya que faltaban páginas, aquellas habían sido arrancadas con tal ferocidad que parecían extirpadas a propósito y justo en el capítulo que aludía a la risa del libro perdido de Aristóteles como manifestación diabólica y contraria a Cristo durante la Edad Media.

Me sentí estafada y enfadada conmigo misma por adquirir el ejemplar en un lugar donde no había lugar a reclamos y luego triste por no saber el final. No recuerdo que pasaría después, tal vez leí algún resumen para la tarea del profesor o vi la película pero no volví a comprarme el libro hasta que unos meses atrás viendo videos sobre historia de la Edad Media recordé mi lectura incompleta y decidí comprarme uno nuevo, uno de verdad, no pirata, original y de pasta dura, el cual conseguí en una librería de Berlín, donde venden lecturas en español.

Entusiasmada volví a mi casa en Berlín y retomé la lectura de aquel bello ejemplar de más de 700 páginas. Entre mis quehaceres diarios y otras ocupaciones me tomó cerca de dos meses llegar a la página número 641. (No sé si les pasa a ustedes pero a mi me gusta leer antes de dormir o durante mis comidas pero antes de acostarme es un ritual muy especial ya que me envuelvo hasta la mitad y acomodo un par de almohadas a mi espalda además de una luz bajita y tenue solo iluminar las páginas) Cuando de pronto alcé la mirada para dirigirme a la 642 y ocurrió algo que no podía creer... froté mis ojos con las manos, busqué en otras páginas, sacudí el libro, le saqué el papel que envolvía la tapa dura a ver si habían hojas secretas y es que faltaban las páginas que seguían... hasta a la 672!

En ese momento, recordé lo que me había pasado hace 20 años con el mismo libro, no sé si serían las mismas páginas, pero llegué a pensar que el libro no quería ser leído por mi, no es posible que el mismo libro y en diferentes versiones le faltaran las páginas finales, karma, casualidad o mala suerte?

De inmediato escribí a la librería, (sin saber si existe la garantía por la compra de un libro) y le comenté lo que había sucedido sin mucha esperanza que me responda, porque lo podría haber comprado en cualquier librería en español además que no contaba con un recibo, creo que lo boté (nunca boten sus recibos)

A las pocas horas recibí un email en donde la administradora me dijo «Ay que faena, si deseas te prestamos uno igual para que lo termines» siendo franca quería uno nuevo porque tal vez luego se lo prestaría a alguien, pero no podía esperar otra cosa, tal vez me hubiera dicho que no fue culpa suya y que no me daría ni el papel higiénico, con toda la razón porque no conservaba el recibo, pero en E-mail le comente que ya había adquirido otros libros en su tienda y me tomo como cliente recurrente (caserita)

Siendo las 22.30 tengo el tercer ejemplar en mi vida de «El nombre de la Rosa» en mis manos dispuesta a terminarlo al fin, espero que no le falten hojas a éste porque ya sería el colmo sin embargo aceptaría la voluntad del libro y no me le buscaría más patas al gato y como diría su autor: 

«He llegado a creer que el mundo entero es un enigma, un enigma inofensivo que se vuelve terrible por nuestro loco intento de interpretarlo como si tuviera una verdad subyacente» 

¿Y ustedes han leído El nombre de la Rosa» o les ha pasado que le faltaban páginas a libros nuevos? ¿Creen que es casualidad, karma o mala suerte?

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