Subidita infernal
En mi caso, como dije anteriormente no me gusta el verano, adoro el invierno y si es con nieve mejor, pero hoy ante la invitación de la gran estrella a través de mi ventana me atreví a salir de mi escondite, total solo serían 19 grados como máximo.
Con lentes oscuros, chaqueta jean azul, un pequeño canguro colgado en mi hombro izquierdo con mis documentos (por si las moscas o mejor dicho por si la «Polizei» me pide mis papeles) y una nueva lectura bajo el brazo salí a la calle cual vampiro ocultándome del sol para no derretirme en plena Buchstraße, debo admitir que exageré un poco ya que apenas la luz acariciaba la calle.
Caminé con dirección al Río Spree con la intención de sentarme en sus laderas para ojear con calma mi nueva adquisición «El gran Libro de las Bicicletas» el cual relata anecdóticos acontecimientos de personajes literarios en sus velocípedos, una lectura muy conveniente para mi ya que me movilizó solo con este vehículo. Después de caminar poco menos de un kilómetro encontré por fin un lugar ya que casi toda la orilla del río estaba ocupada por personas y sus picnics. Cada dos páginas levantaba la mirada y veía personas hacer deporte, niños jugando, gente bebiendo, otros durmiendo y lo que me llamó la atención fueron ciclistas sufriendo en una subida en la cuál yo también tuve la desgracia de no poder escalar.
Resulta que me había sentado entre el río y una pendiente por la cual obligatoriamente debo transitar en bicicleta para dirigirme al centro de la ciudad, pero ahora que iba a pie veía la ubicación de una manera distinta, no me había percatado lo difícil que era también para otras personas subir en dos ruedas por esa rampa, cuando lo hago me levanto del asiento ejerciendo máxima presión sobre los pedales para pasar con «naturalidad» ese difícil trecho. Pero ahora como espectadora veía a otros como yo pasar por el mismo calvario y decirme a mi misma que no estaba sola.
Durante mis observaciones agrupé a los ciclistas en varios tipos, no a aquellos que salen de sus casas y se dan grandes tramos, sino solo a aquellos que se atrevían a cruzar aquella subida infernal, que a más de uno lo obligaba a bajar de su bicicleta para atravesarla caminando, situación bochornosa por la cual pasé más de una vez cuando no respondían mis piernas por el cansancio.
Mi lista se resume a tres tipos de personajes, los expertos, aquellos que salen ataviados con ropa especial para ciclismo (casco, guantes y mallas) en bicicletas de carrera con ruedas delgadas y timón curvo, aquellos suben sin sobresalto la pequeña rampa y en menos de un aliento ya están arriba, no puedo ocultar que envidio sus bicicletas por la cantidad de cambios que debe tener especiales para todo terreno.
Los bulleros, ciclistas que desde una cuadra tocan el timbre de su bici para anunciar a las personas a pie que preparen la subida cual alfombra roja para su ascenso, pero si no fuera por ellos no me hubiera distraído de mi lectura para obervar como subían por la cuesta.
Y por último los flojos, creo que en este grupo me encuentro yo, no lo digo por no atreverme a subir la pendiente sino porque nos da flojera mover el manubrio del cambio porque a los pocos segundos debe volver la cadena a su posición normal, particularmente prefiero dejarlo en 5 ó 6 ya que en 3 me da la sensación que pedaleo por gusto y siento que me cansa más.
Existen otro tipos de ciclistas como los experimentados, pesonas mayores cuya fortaleza admiro, ellos transitan dicho tramo sin dificultad como quien saluda a un viejo amigo, también están los noveles, aquí ubico a los niños quienes se rinden y prefieren bajar de sus pequeñas bicis para subir a pie.
Sin duda deben haber más tipos de ciclistas y sus formas de subir aquella rampa, acción muy distinta a la adrenalina que te brinda un descenso a velocidad por ese mismo lugar, cuyo indescriptible sentimiento sería motivo para otro post.


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