Encuentro cercano de no sé que tipo

Fue una noche de verano a inicios de los coloridos años 90, fiesta y bulla en casa, borrachos y comida por doquier, el equipo de audio entonaba los merengues más populares de la época y los niños de la familia correteaban por todos los rincones de aquel hogar.

Como era costumbre en aquellas fiestas familiares de casa, mi madre preparaba unos deliciosos tamales con antelación para ser degustados por los invitados, entre ellos tíos y primos. Pero ya avanzada la tarde los niños de la familia aburridos entre tanta gente mayor cuyos ojos ya chisporroteaban y sus voces ya eran casi gritos, salíamos a la acera para divertirnos recreando películas de la época como Terminator, además de otros juegos que incluían pelota y latas de leche vacías las cual debíamos derrumbar (por favor si alguien se acuerda del nombre, hágamelo saber) 

Con más de 10 años de edad, yo era la mayor de aquella manada infantil,  que pasadas las horas ya no solo estaba compuesta por primos sino también de los hijos de los vecinos que se unían a nuestros jolgorio.

Para poner en contexto la ubicación de mi hogar y entender más adelante el posible motivo de aquella extraordinaria aparición, mi casa está ubicada frente al Río Chillón y detrás de él se ubica un cerro enorme que mirándolo desde mi casa, me imaginaba a un gigante rocoso que se levantaría en cualquier momento para pisarnos. 

El Río y el cerro han estado siempre ahí y quiero imaginarme que aquella formación rocosa ha sido un Apu sagrado de nuestros ancestros, cuya estratégica ubicación daba pie a ceremonias en honor a la madre tierra, porque en las faldas de aquel coloso se ubicaba una extensa chacra que proveía de tubérculos como el camote y la papa y a la cual un día fui de pequeña cruzando el río para recoger la cosecha que nos habían regalado. (otra historia para contar)

Con este breve contexto, volvamos a aquella tarde de verano (¿del 92 ó 93?) Fue un ocaso como cualquiera, cansados de tanto jugar mis compañeros y yo nos dispersamos un rato para tomar agua, descansar y luego conversar en la vereda, tal vez para empezar el juego de San Miguel, en donde siempre era la mamá, pero no recuerdo muy bien en que momento me quedé sola en una de las esquinas de mi cuadra, alcé mi vista al cielo y divisé un aparato sumamente brillante, con luces de colores por toda su circunferencia, aunque no sé si era largo o redondo, las luminarias se encendían una y otra vez intercambiando sus luces frente a mis ojos, entre ellas pude divisar el morado, rojo, amarillo, naranja y azul, al principio pensé que era un avión pero gravitaba tan lento que parecía colgado de algo. Mientras me frotaba los ojos para observar bien de qué se trataba llegaron mis amigos cuyas luces de aquel objeto también llamaron su atención, la increíble vista estelar nos puso mudos para luego pasar al miedo cuando el incandescente elemento empezó a moverse hacia nosotros, o eso pensábamos, así que nos echamos a correr hacia mi casa como si fuera el último día de nuestras vidas, tropezando unos con otros y levantándonos de inmediato así tengamos nuestras rodillas heridas, mi corazón a 120 bpm palpitaba por el temor de ser llevados por aquel objeto volador y mi mirada no se desprendía de su trayectoria. Cuando chocamos con la puerta de mi casa, el ente seguía volando a una velocidad increíble que era imposible que sea un helicóptero. Con llantos y gritos tocábamos la puerta de mi casa la cual nadie abría por estar ensordecida por la música y la voz alta de los fiesteros.

Cuando casí derrumbamos la ventana de mi casa, el objeto siguió su curso más rapido que antes con dirección al cerro, que describí antes, para esconderse detrás de él y no volver a aparecer jamás. 

Con los ojos llorosos les contamos a los adultos nuestra aparición, a lo que ellos respondieron «fue solo un avión y ya despídanse de sus amiguitos que tienen que ir a dormir» desmoronando mi ilusión de haber visto un OVNI. 

A la semana siguiente se lo conté a mi padre, quien no estuvo presente en aquella reunión, no vivía con él y solo lo veía cada fin de semana o cuando me iba a recoger al colegio, él más optimista me dijo que por la velocidad de aquella luminaria no pudo ser un avión, así que me animó a dibujarlo. Aquella «obra de arte» estaba representada por el cielo negro de Lima, el cerro y por supuestos las luces de colores de aquella nave, mi padre orgulloso contaba a todos sus colegas lo que su hija había visto «Eli ha tenido un encuentro cercano del tercer tipo» yo avergonzada me escondía detrás de él como diciendo «no es para tanto papá» 

Aquella experiencia sigue rondando por mi cabeza, aún sigo pensando que sí fue un OVNI, que el cerro fue un Apu adorado por mis ancestros y que era una frecuentada pista de aterrizaje de cosmonaves desde tiempos milenarios. Lamentablemente aquel cerro ha sido invadido por personas que han construido pequeñas chozas para vivir, no es culpa de ellos, pero siento cierta nostalgia que aquella colina haya perdido su esencia misteriosa o su categoría de dios ancestral y se ha convertido en un simple terreno comunal, desde mi casa se ven las luces de aquellos barrios asentados en sus faldas y en la cima, más no de aquella luminaria que se ha quedado grabada en mi mente y de la cual nunca me voy a olvidar.

¿Y ustedes han tenido alguna experiencia ufológica? Me gustaría saberlo. 

Comentarios

  1. Hola! Me gustó tu historia, la verdad nunca he tenido una experiencia igual, lo que sí es que en mi ciudad (Tampico, Tamp., México) hay una leyenda de porque desde 1952 no ha habido huracanes y que solo pasan de largo, y esa leyenda es qué hay una base ovni en la playa, incluso ya pusieron una estatua de un extraterrestre y venden peluches.
    (Rebeca Hernández del curso de domestika)

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