Una antojadiza reflexión

Cada vez se hace más frecuente la preocupación por cuidar el cuerpo, la manera de alimentarnos y ejercitarnos, enfermedades como el cáncer, la Diabetes tipo 2, entre otras son las consecuencias de no haber llevado una adecuada atención a lo que comemos.

Actualmente hay estudios que revelan que las dolencias que se padecen no son totalmente hereditarias, sino también son las consecuencia de haber seguido la misma rutina alimentaria de nuestros padres y hemos continuado con aquellas costumbres que ya de adultos son difíciles de dejar. Nuestros padres han hecho lo mejor que han podido con nosotros, al igual que los abuelos con ellos y así los que han quedado atrás en nuestro árbol genealógico. 

Hoy por la mañana muchas reflexiones sobre el tema ocuparon mi mente luego de escuchar a una amiga quejarse de lo que comió la noche anterior y por qué lo hizo, «es  una rutina» como ella misma dice, que se ha convertido en una celda de pensamientos negativos que no la dejan disfrutar comerse la vida a su antojo. Anotaciones que también han rondado mi mente en algún momento de arrepentimiento empachador y ver la aguja de la balanza moverse un poco más a la derecha. Conversando con ella y sus innumerables quejas alimentarias, saltaron algunas preguntas sobre por qué algunas mujeres de hoy están tan obsesionadas con este tema, cuestionamientos como ¿Por qué debemos tener remordimientos por lo que comemos? o ¿Por qué sentimos que después de los 30 años subir de talla es un proceso que demora 24 horas? ¿Acaso las mujeres no tenemos suficientes problemas para pensar que ocuparnos de lo que comemos o no? ¿Se nos ha dado la maldición de engordar un día para otro o será el «don» de la ansiedad disfrazada de hambre? Contar calorías, los pasos diarios, las horas de ayuno intermitente, la cantidad de agua diaria, etc., se han convertido en pensamientos obsesos para algunas personas que les roba espacio mental para la creatividad y las oportunidades de disfrutar plenamente de cada segundo de nuestras vidas.

Reflexionando sobre estas «obsesiones» caí en la cuenta que desde que tengo uso de razón siempre he visto mujeres delgadas (90, 60, 90) en las pantallas de televisión, publicidad y medios impresos como una figura a la cual debía aspirar, ya que las veía hermosas e inalcanzables. Llegada a la adultez me preguntaba que hubiera pasado si en vez de esas modelos de televisión hubieran puesto a mujeres con 70 kilos de peso o más y sin maquillaje, creo que seguro hubiéramos querido ser como ellas.

Lamentablemente los estereotipos ya están como disco duro en nuestras cabezas, los niños de hoy escuchan a los adultos decir: «hay no quiero engordar, no comeré eso que tiene x cantidad de calorías, pero mira que gorda me veo» al hacer esto vamos a continuar con el hilo de quejas sobre el peso y la comida por cien años más.

Es cierto que engordar después de los 30 o 40 años es inevitable, es un proceso natural y fisiológico a lo que se someten hombres y mujeres, aunque cada género lo hace de diferente manera debido a las hormonas que los caracterizan. La pérdida de músculo en mujeres se hace más evidente a partir de los 40 años (Sarcopenia) y esto hace que en vez de músculo acumulemos grasa.  

Para tranquilizarnos un poco debemos entender que el subir de peso es un proceso normal, no somos fisicoculturistas, ni tenemos tiempo para estar toda la mañana en el gym, es más, la naturaleza nos ha dotado de grasa en las caderas como reserva de energía porque estamos hechas para procrear, tener hijos no es un juego de medio tiempo y se ha demostrado que las mujeres soportamos mejor las dolencias, me vinieron a la mente los graciosos memes y videos de hombres que no van al trabajo por un dolor de uña o un simple resfriado y las mujeres ni siquiera se inmutan ante los pesares de la menstruación. Las diferencias fisiológicas y hormonales entre hombres y mujeres es un tema muy amplio y científico que no pienso detallar ya que me desviaría y los aburriría con tantos datos que hasta a mi me están abrumando.

En conclusión las mujeres después de los 30, para ser más exacta pasada la cuarta década, tendemos a engordar, sumado a este proceso, están las obligaciones que cada adulto posee, (hijos, cuentas, pagos, estudios...) las cuales nos llenan de ansiedad en algunos casos y con ello se añade otro factor que ya no es fisiológico sino mental, tema que concierne a nuestro consciente y del cuál sí somos 100% responsables, según mis vivencias.

Nos gusta comer; excelente, nos gusta el chocolate, ¡yo soy su fan número 1!, nos gusta el alcohol, nos gusta la pizza, nos gustan los queques, nos gustan y nos lo comemos porque nos da la gana de hacerlo, si engordamos por darnos nuestros gustos no debemos de sentir culpa, por comer una dona no vamos a subir 5 kilos en una hora, pero si en vez de una tableta de chocolate comemos cinco en un día, debemos tomar en cuenta que esto es un problema en nuestras cabecitas, es un vacío que llenar, una ansiedad disfrazada de hambre que debemos desnudar con ayuda profesional.

Y si crees que no es ansiedad y que estás comiendo demás, MUÉVETE, no es necesario que hagas una maratón de 6 kilómetros diarios, pero si que subas escaleras, estirar las piernas cada hora, si trabajas sentada 8 horas de lunes a viernes y sobre todo DUERME, el sueño se ha demostrado que es uno de los principales reparadores y apaga fuegos de la mente y del cuerpo.

No tengas miedo a tu grasa, hermosa sustancia que adorna nuestras dotadas curvilíneas otorgadas por la sabia naturaleza, ten miedo a no saber disfrutar de la vida por reprimirte de los placeres que ella nos entrega para ser feliz :)


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