Frimsomnio
Anoche no pude dormir, como otras veces ha ocurrido mi cuerpo en reposo no pudo conciliar el exquisito placer del sueño, no solo por la taza de café que tomé después de las 4 de la tarde sino por el frío que enrollaba mi cama y no me dejaba entregarme a los dulces brazos de Morfeo.
Este pecaminoso acto involuntario (para mi no dormir es un pecado) viene ocurriendo desde hace un buen tiempo atrás, cuando sucedía, pensaba que mi naturaleza «friolenta» como me dicen en casa, era normal, sin embargo en verano se torna también imposible debido al calor de la estación. Pero en Europa conciliar el sueño en Invierno se ha vuelto para mi en más que una lucha nocturna.
Como comenté en un post anterior siempre duermo con tres «deckes» y la ropa más abrigadora de invierno, pero cuando subo a la cama, me tapo y luego de una hora de haber dado vueltas, el frío se apodera de mi convirtiéndose en una pelea interna entre no hacerle caso o salir de la cama para buscar más frazadas, revisar las ventanas o prender la calefacción, acciones que no yo era capaz de realizar.
Es gracioso ya que entre la batalla de sentir frío y hacer cualquiera de las acciones descritas arriba, gana el quedarme sin hacer nada y aguantar que el frío pase como si fuera un tren de madrugada, pero ¡el bendito tren se queda toda la noche a esperar más pasajeros!
Esa contienda entre salir de mi cama o no, hacen que el insomnio fiel amante del frío se confabulen para no caer en el tan ansiado sueño REM, a veces me despierto y recuerdo que algo soñé pero no estoy muy segura que sea el sueño profundo que todos anhelan.
A las 3 de la mañana la voluntad de mi cuerpo ante la sensación de frío ganó y con todas las fuerzas de mi cama levanté mis cobijas y salí de ella, cogí una manta polar del armario y encendí la calefacción (no suelo encenderla en Primavera ya que las temperaturas nocturnas oscilan entre los 3 y 4 grados y el costo de la energía ha subido de precio) en puntillas regresé y me envolví cual feto en vientre materno poco faltaba para meterme el dedo en la boca y regresar al cálido recuerdo del útero de mi madre, tal vez este esfuerzo casi titánico para mi les parecería suficiente para ganarle la pelea al frío... pero no.
Continué divagando un rato pensando en por qué me ocurría esto si antes dormía como un bebé y caí de nuevo en la cuenta que las hormonas propia de la edad son las culpables, no me quejo porque la vida continúa y con ella los achaques que vienen con lo años, me sentí mejor luego de reflexionar y sin echarle más la culpa a mi fisiología me quedé dormida ansiosa a que llegue la mañana para describir las sensaciones que están leyendo.
El dormir es un verdadero lujo porque el sueño es reparador, esta vez el frío alemán no me ayuda es una pena porque disfruto de él cuando salgo a caminar, pero como en toda relación existen pros y contras y no puedo contra la naturaleza invernal, solo me queda aceptarlo para convivir en una cordial y templada relación con mi Frimsomnio.
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