Olor a muerte
Todos los días la veía pasar a la misma hora ataviada con una bolsa de plástico llena de botellas vacías, otras veces con un bolso sucio sobre su hombro y extrañamente vestida a veces con una falda muy corta, medias encima de sus rodillas, zapatillas y unas gafas de sol oscuras en pleno invierno europeo. Siempre andaba con la cabeza gacha resaltando una pequeña joroba en su espalda, piel extremadamente blanca, cabello rubio y de contextura robusta.
Nunca supe su nombre, su extraño andar ido y sin rumbo era una intriga para mi, mi comedor está ubicado junto a la ventana del pasillo que da a la salida del edificio donde vivo y era habitual verla pasar a la hora del desayuno. A veces me cruzaba con ella al entrar o salir del condominio y como buena vecina la saludaba, ¡Hallo! pero ella nunca respondía, nunca escuché su voz, nunca la vi a hablar con otras personas, pero su misteriosa presencia clavó en mi la curiosidad, por lo que pregunté a un vecino si la conocía, lo cual me comentó, que ella vivía aquí hace mucho tiempo, tampoco sabía mucho, solo que no tenía una buena vida e indirectamente con una frase super directa me dijo que algunas «sustancias tóxicas» eran parte de su rutina diaria. Por lo poco que supe de mi vecina misteriosa me dio a entender que su salud y sus costumbres no andaban por buen camino, tampoco sabía en que piso ni número de departamento vivía, hasta ayer.
Después de un día largo y agotador llegué a casa y solo quería comer y descansar, en eso aparece mi madre para preguntar como me había ido, después de una breve tertulia sobre nuestro día, vimos pasar por la ventana dos policías, extrañadas por la aparición de esos personajes (no, no salimos a chismear) mi madre consultó a su esposo por mensaje de Wsp si sabía algo, a lo que éste respondió, que el vecino del tercer piso los había llamado porque desde el departamento de la «gordita» se expedía un olor nauseabundo como a cien gatos muertos y por más que tocaba la puerta nadie salía, una espantosa fetidez que se sentía (sí, porque era tan potente la peste que ya no sólo se olía, sino que se sentía) desde el primer «stock».
Para ese día algunos vecinos (incluyendo el que llamó a la poli) habían organizado una parrillada en el jardín (donde festejé mi cumple) y es que nada iba a interferir el jubileo que el sol trae a un Berlín castigado por el frio. No tenía muchas ganas de ir por el cansancio pero mi madre me animó a participar, además iba a practicar mi alemán con los nativos, así que llevé las cervezas que quedaron en mi cumple (y todavía quedan) y empecé a sentirme cómoda con ellos.
Me había olvidado del tema del olor, cuando el vecino comentó con una salchicha entre los dientes y una botella de cerveza en mano, que los policías encontraron a la reservada vecina «muerta» inmediatamente paré de comer, me agarré la cabeza y sentí una profunda tristeza como si la conociera de años.
Asombrada por la reacción de los alemanes de seguir con sus actividades a pesar de la desgracia, no los culpé, nadie la conocía o ella no se dejaba conocer, me hizo pensar en las costumbres tan diferentes que tenemos los latinos, pero los alemanes son tan prácticos que no dejan que nadie los detenga, en Perú hubiéramos hecho una colecta, una misa o un minuto de silencio por el alma de alguien desconocido, en fin somos culturas distintas respetándose unas a otras.
Es una pena que después de muerta me haya enterado de su nombre, en que piso vivía y a que se dedicaba esta desdichada mujer, pero su muerte sigue siendo un misterio, ya que al no tener familia cerca nunca nos enteramos que le había pasado, se especulan muchas cosas, desde muerte pasional hasta sobredosis de alcohol o drogas. Nunca vi el cadáver salir, no vi alboroto, ni mínimo movimiento, solo su departamento ahora cerrado con un aviso policial alimenta más la intriga sobre su deceso.
Sea quien haya sido la protagonista enigmática de este relato merece respeto, ha sido una hija, hermana o madre, quien sabe, ya no sufre por los actos que la atormentaban en vida, una vez la vi salir y no la volví a ver nunca más.
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